LA FELICIDAD DE OBRAR EN EL CAMINO Y LA PROPUESTA DE DIOS Mt 5, 1-12a Domingo XXXI Tiempo Ordinario (Ciclo C) CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
LA FELICIDAD DE OBRAR EN EL CAMINO Y LA PROPUESTA DE DIOS
Mt 5, 1-12a
Domingo XXXI Tiempo Ordinario (Ciclo C)
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
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| Luis Fernando Castro Teólogo PUJ |
Nos podríamos estar hoy preguntando ¿Qué tan satisfechos nos sentimos hoy con nuestra forma de vivir? ¿Cuál es la novedad de la vida y de las experiencias que hemos vivido? ¿Cuáles son los puntos fundamentales que nos pueden distinguir como personas? Alguna persona afirmó que para que el mal triunfará solo necesitaba que los seres humanos, no hicieran algo bueno por la vida. Hay muchas formas y estilos de vida, formas de pensar, de sentir y de obrar. Formas de vida que nos van conduciendo a hacer algo más, formas que nos indican el camino y el modo de vivir bienaventurados, felices, logrando desarrollar un estilo de vida realizado y constructivo para nosotros y también para beneficiar a muchas personas. A la Luz de la Palabra de Dios, Jesús sube a un monte y sentado anuncia las Buenas Noticias del Reino de los Cielos, un camino que nos facilita vivir en libertad y felicidad conociendo principios y valores de vida para aplicarlos en la practica de nuestra cotidianidad en un modo de construir una vida bienaventurada. Veamos:
1. El estilo de vida que ocurre alrededor de nosotros está siempre presente y, tal vez nos cuesta descubrir cómo vivirla de verdad y de un modo libre y feliz. Podemos saber o tener muchos conocimientos, y no saber cómo vivirlos, ni desarrollarlos, llevándolos a la práctica de la cotidianidad. Jesús viendo la muchedumbre subió al monte, se sentó y sus discípulos se le acercaron (vv. 1a). La acción de Jesús al subir a la montaña nos ayuda a recordar a Moisés, quien subió al Sinaí para recibir la Ley. Sentarse es la postura de un Maestro para la enseñanza, una palabra que sale de la boca de Jesús para dar vida. El auditorio del Maestro es aquel gentío que se iba reuniendo en torno a las enseñanzas, acciones y a las palabras de Jesús (cf. Mt 4,23-25). Estas personas después de ser curadas por Jesús no vuelven a casa inmediatamente, sino que ahora quieren dejarse educar por el Maestro en este comienzo de nueva vida y de experiencia en el Reino de los Cielos, mostrando que la vida nueva no se fundamenta solamente en recibir una curación, sino además necesita de profundización para darle cuerpo, criterio y conversión. En este escenario también se piensa en un grupo más pequeño que sube y se acerca a Jesús, los discípulos, recordando la ocasión donde Moisés sube junto con los ancianos a la montaña (cf. Ex 24,1), mientras que el pueblo permanece a los pies del monte.
2. Viendo esta escena nos encontramos entonces, con dos formas concretas de vivir un estilo de vida: La muchedumbre que se queda abajo del monte, al pie de la montaña y los discípulos que suben con el Maestro: ...y los discípulos se le acercaron (vv. 1b). Algunas personas son sencillas, pero se contentan con poco. Tienen una mentalidad conformista, sumergida en esquemas o paradigmas que le impiden apreciar y disfrutar mucho más de lo que les posibilita el regalo maravilloso de la vida. Son personas que les gusta el show, lo bonito, lo agradable, pero viven ilusionados pensando que serán felices cuando logren ser ricos o cuando se ganen la lotería o cuando por su esfuerzo, su trabajo y sus sacrificios consigan construir un negocio lucrativo; aunque, esto es importante no es suficiente para asumir un compromiso con la vida, porque si bien es atractivo no es recomendable porque se desea muy poco. Los milagros, las curaciones, los éxitos solos no son suficiente, hay que explorar algo más para encontrarnos con la belleza y la riqueza de la vida desde un modo del Reino de los Cielos (cf. Mt 4,24). Aquel estilo de vida se mueve más por lo conocido, que por conocer quedándonos en la superficialidad de lo aprendido, en mantener un excesivo celo por cumplir solamente con el deber o el cumplimiento porque eso es lo único que se espera sin permitir evolucionar e ir un poco más lejos, más profundo, mostrando así, una actitud de inseguridad y muchas veces de tacañez. No se da un paso más adelante porque el miedo parece ser más fuerte y, por tanto, es más fácil sucumbir en la mediocridad que preferir desarrollar otras capacidades, ya que eso significa enfrentarse a otros retos, incluso a ser señalado e incomprendido.
3. Por otra parte, otros hacen el esfuerzo de subir a la montaña: los discípulos se acercaron..., (vv. 1b). Estas personas se desacomodan, quieren aprender algo más de las propuestas, de lo que se escucha, algo que sea sólido y les permita formular sus propios criterios que oriente y muestre como un mapa un estilo de vida que pueda ser aplicado en la cotidianidad de su existencia, descubriendo un aprendizaje no sólo teórico, sino abriendo también la posibilidad de saber cómo hacerlo y cómo desarrollarlo eficazmente. Estas personas buscan superar retos, dificultades, se arriman a otras personas para que les aporten y les ayuden a desarrollar sus potencialidades para poder convertirse en un caudal de vida que no se agote. Formas de vivir que son interesantes y, al mismo tiempo no son suficientes para apropiarse de la riqueza de la vida, de la felicidad, como plenitud y camino construido con Dios.
4. Una de las grandes aspiraciones y expectativas de todas las personas es lograr vivir en un modo de felicidad. Todos como personas queremos ser felices. Esto nos da importancia a nuestra existencia, empujándonos a tener una actitud permanente de buscar lo que nos haga feliz; sin embargo, ésta no se deja encontrar muy fácil, sencillamente porque la felicidad no es una meta, como tampoco está fuera de nosotros, sino que un estilo de vida, un estado de plenitud interna que ya se experimenta (...de ellos es el Reino...vv. 3.10) y, que no depende de las situaciones o de las circunstancias externas. Algunos, por eso la buscan en zonas o lugares equivocados, confundiendo la felicidad con el placer y el éxito. Es aquí donde se da comienzo a la enseñanza. Jesús, tomando la palabra...,abriendo su boca comienza a enseñar ocho motivos como alimento de vida que necesita la gente para apropiarse de la riqueza, de la felicidad de una vida construida con Dios, haciendo conciencia de un estado de plenitud interna: La pobreza en espíritu (humildad), la mansedumbre, las lágrimas ocasionadas por el dolor y la desgracia de otros, el hambre y la sed por la justicia, la practica de la misericordia (perdón) como un modo de reconstrucción y sanación en las relaciones humanas, la pureza de corazón como el modo para valorar y hacer el bien a las demás personas, el trabajo constante por la paz para hacer crecer y avanzar las relaciones personales y la valentía para no reaccionar ni responder con violencia ante las injusticias y la persecución (vv. 3-10.12).
5. Estas ocho motivaciones ofrecidas en un lenguaje de bienaventuranza (tiene visión de proyecto), invitan a reconocer un estado nuevo de vida plena para ser feliz, un camino construido con Dios en el que es posible hacer mucho bien, lejos ni cómplices de mentiras, embustes, arrogancias y maldades (cf. Sof. 2,3. 3,12-13) que deterioran y sofocan las relaciones humanas. La insistencia de Jesús en sus palabras es el termino bienaventuranza (Macarios); una palabra que se refiere a felicidad, un estado de plenitud que aspira todo ser humano, poniendo un dinamismo hacia adelante. Por eso, estas ocho motivaciones son una propuesta para vivir plenamente en el interior, caracterizada en proyecto de vida para vivir en modo de bienaventuranza. De esta manera, el camino pleno de la felicidad construido constantemente con Dios en el que podemos asumir, abrazar la felicidad, la justicia y la paz (cf. Salmo 145, 7-10) será un Reino que estaremos experimentando constantemente y, que se repite en sus términos para que hagamos conciencia de los motivos que nos ayudan a vivir la felicidad desde nuestro corazón, mirando que Dios Padre continúa obrando en cada uno de los seres humanos, saturando nuestro interior con su reinado que no es otra cosa que una plenitud interior llamada felicidad. Un acto de esperanza para todos los que con apertura nos movemos en el mundo a hacer cosas mucho mejores que las que ya se han hecho. Es ahí donde radica nuestro "poder y nuestra fuerza".
6. Dios Padre es la fuente, la causa de la felicidad, de la alegría, de la plenitud interior de todos como personas. Por eso, podemos entonces ver que surge un nuevo grupo, un nuevo modo de vivir, en el cual las personas no sólo buscan alcanzar sus metas, quedándose en la cima, en la búsqueda de poder o de reconocimiento, sino que dan inicio a desarrollar su libertad y su vida junto con otros, dando lo mejor que tienen, y eso causa, provoca, desborda felicidad y alegría para todos porque quieren mejorar la calidad de vida en todos los aspectos, fortaleciendo las relaciones personales en el que es posible mostrar el rostro del Maestro con apertura y sin pretender dominar ni controlar a las otras personas. Son personas que saben convivir mediante una acogida efectiva donde se desea el mejor bien a los demás. Este grupo de personas saben lo que son y lo que tienen, pues ...lo débil del mundo lo escogió Dios para humillar a los sabios, así nadie puede gloriarse en presencia del Señor (Cf. 1Cor 1,26-31) y, en efecto, aportan para construir a nuestra existencia, evitando estar en conflicto o creando situaciones de injusticia. Son seres humanos que desarrollan la capacidad de generosidad y de solidaridad, porque saben bajar de la cumbre para servir a los demás (Cf. Mt 8,1-4) sin pretensiones y arrogancias, buscando siempre mantener la unidad, generando nuevas oportunidades que inspiran a otras personas a ser mucho mejor de lo que ya han logrado realizar, descubriendo la riqueza y la plenitud interior que existe en cada uno de ellos.
7. Ahora bien, no siempre optar por obrar en un modo de bienaventuranza, el camino de la felicidad construido con Dios causa comodidad para todos porque hay que pagar el precio por hacer el bien, por vivir la plenitud interior; sin embargo, con la fuerza de la alegría y el regocijo (vv. 12a) es posible vivir la bienaventuranza porque Dios quien es la fuente y la causa provoca la alegría, continúa obrando de un modo maravilloso y sorprendente en cada uno de nosotros, haciendo posible que la felicidad no dependa de causas externas ni de momentos y situaciones de vida, sino de lo que permanece siempre en nuestro corazón para obrar conforme a los valores del Reino sin interesar las consecuencias o el impacto que llegue a ocurrir en algunas personas. En otras palabras, se obra con alegría y regocijo no porque todo ande sobre ruedas o todo parezca estar bien, según las condiciones de algunos, sino porque es posible obrar con alegría y regocijo, ya que en Dios lo tenemos todo a pesar de la difamaciones, de las persecuciones y de las burlas que se originan a causa de la practica de la justicia, del obrar con generosidad o de evitar la violencia y el conflicto.
8. No hay mayor felicidad que obrar según el camino y la propuesta de Dios porque nos sólo nos abre la posibilidad de obrar haciendo el bien, anunciando la Buena Noticia, sino además nos ayuda a hacer conciencia de que Dios Padre está obrando en cada uno de nosotros, es Dios con nosotros (cf. Mt 1,23), de un modo pleno para que vivamos libres y felices. Esta felicidad no depende de condiciones que imperan al ser humano, sino de acciones paradójicas o de actitudes que para la mentalidad del mundo suenan como debilidad o desgracia. Las bienaventuranzas revelan entonces una novedad más allá de la reflexión de la ley y de la concepción existencial de algunas personas. La felicidad nos pone en relación con el camino y la propuesta de Dios, la cual nos conduce a vivir de una manera plena y definitiva, pues Dios no es sólo amor y misericordia, es también felicidad. Y esta es la clave de vivir al estilo de la bienaventuranza, mostrando que el Reino de Dios sigue aconteciendo en nuestra vida. De esta manera, comprendemos que la felicidad no es un estado anímico de los seres humanos, es una relación que nos conduce a hacer una historia donde se cosecha abundancia y paz.
9. En resumen, no hay mayor alegría que optar por sacar lo mejor que hay dentro de nosotros, queriendo arriesgar, queriendo ir más lejos, conservando la grandeza de la humildad, facilitando actuar con amabilidad, con bondad, con amor y perdón, creando ambientes más constructivos, fraternos y saludables donde todos podamos desarrollar nuestra libertad y gozar de la felicidad constructiva que el buen Dios quiere para todos. Este es el verdadero progreso integral de todos nosotros como personas, pues obrar y caminar en la propuesta de Dios nos lleva a hacer de nuestra vida, una existencia muy diferente. Somos felices cuando recuperamos la pureza del corazón porque Dios Padre nos facilita dejarnos ver, cara a cara, gracias al acceso que él nos da por medio de Jesucristo, su hijo, aún cuando seamos perseguidos. La felicidad muchas veces se extraña y se anhela constantemente como seres humanos porque la buscamos en otros lugares o como si fuera una meta inalcanzable, mucho más cuando nos encontramos con la adversidad y la persecución; sin embargo, Dios se alía con la alegría de cada uno de nosotros para cuidarla y elevarla al máximo, sosteniendo nuestro caminar y nuestro esfuerzo de subir al monte. Así que, estamos llamados a buscar a quien lleva el nombre de la felicidad, una búsqueda que está en el sueño de todos, de quienes construyen un mundo mejor caracterizados por el camino de la justicia y la paz.
Luis Fernando Castro P.
Teólogo- Magister en Familia
@parraluisferf
luisferflormaria@yahoo.es

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