DEL PASO DE LA MUERTE A LA VIDA Y EL AMOR ETERNO Jn 14, 1-6 Domingo XXXI Tiempo Ordinario (Ciclo C) CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

DEL PASO DE LA MUERTE A LA VIDA Y EL AMOR ETERNO
Jn 14, 1-6
Domingo XXXI Tiempo Ordinario (Ciclo C)
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
Luis Fernando Castro 
Teólogo PUJ 

¿Cómo despedirnos de las personas que amamos? ¿Cómo decir a los seres queridos con quienes compartimos diversas experiencias de vida, adiós? No siempre es fácil despedirse de las personas cercanas, aquellas con quienes tuvimos un profunda relación. Por lo general, la primera impresión y reacción cuando nos visita la muerte es negativa, cargada de lamento, tristeza e impotencia frente a lo que sentimos y experimentamos. En algunos casos creemos hacernos tan fuertes que nos cerramos en nosotros mismos, dejando de lado la esperanza y el amor para darle lugar a la ansiedad y a la depresión. Nos cuesta aceptar que el amor se puede vivir de otra manera. Esto nos impide renacer hacia una nueva vida quedándonos muchas veces atrapados en un luto, en unos supuestos o en unas conjeturas que no nos deja avanzar. A la luz de la Palabra de Dios, después de convivir, de crear un lazo de amistad profundo, durante un tiempo, Jesús se despide de sus discípulos. Ya no lo verán como hasta ahora, habrá un cambio de relación. Esta no será física, sino creada por lazos estrechos y fuertes de amor que ni la muerte podrá destruirla, pues él volverá al Padre para que también nosotros podamos estar con él. Veamos: 

1. De los momentos más complejos y difíciles que existen en una relación humana y cercana con las personas que amamos es el momento de decir adiós, el momento de la despedida. Despedirse de quienes han sido muy significativos y especiales para nuestra vida, para quienes nos han aportado en nuestro crecimiento integral no es nada fácil, aunque tengamos presente de que la vida es una sucesión de encuentros y de despedidas. Jesús ante su eminente partida consuela a sus discípulos, asegurándoles que ira a preparar un lugar en la casa de su Padre (vv. 2), y que volverá para llevarlos con él, para que donde esté él, estaremos también nosotros (vv. 3). La imagen que nos pinta la palabras de Jesús se refieren a una casa, ha un lugar muy especial. Una casa es un lugar de referencia, un lugar que nos señala un comienzo; pero también nos indica un final. Cuando hablamos de una casa, casi siempre pensamos que es el lugar propio, cálido, que nos pertenece, es un lugar donde podemos sentir que estamos seguros.

2. Las palabras de Jesús llenas de consuelo ofrece a sus discípulos una casa, no un templo. Y, por eso, su consuelo acobija el corazón de quienes le escuchamos: no se turbe vuestro corazón, crean en Dios y crean también en mí (vv. 1) porque en ...la casa de mi Padre hay muchas mansiones; (vv. 2). La insistencia de las palabras de Jesús es ha tener confianza como fundamento en nuestras relaciones personales y humanas, sobre todo en estos momentos de despedida y de incomprensión porque el amor de Dios no se acaba ni se agota con la muerte, él es bueno para quien sabe esperar y confiar en él (Cf. Lam 3, 17-26). De esta manera, gritamos un no al miedo y ponemos un sí en confianza, en el abandono a Dios, pues hay un corazón palpitante que abre las puertas de su casa para que permanezcamos en él.

3. Tener confianza nos humaniza porque fortalece nuestras relaciones personales, comenzando con aquellos que nos recibieron en su casa al momento de nacer. Nosotros como personas construimos un mundo de relaciones que nos edifican, que nos fortalecen y que nos animan a continuar siempre hacia adelante, actuando de manera adecuada, sobre todo en los momentos o situaciones donde queremos alcanzar objetivos. Las relaciones fuertes de nuestra vida no pueden construirse sobre miedos, sino en cimientos de confianza a través de experiencias que nos facilita colaborar en diferentes ámbitos. No tener confianza, la existencia se complica porque todas nuestras relaciones, sociales, comunitarias y de familia se basan en la confianza en enfrentar la vida con determinación sin rendirse ante el posible fracaso y el asedio adverso que suele ocurrir en cada paso que realizamos para llegar a la meta (cf Salmo 129, 2). La base de nuestros tropiezos y de nuestras realizaciones nacen de la confianza asumiendo las consecuencias y las decisiones de manera responsable. 

4. Y en este acto de confianza respira también nuestra relación con Dios porque ante la muerte, Jesús nos prepara un lugar en casa del Padre  (cf. vv.2). Jesús nos lleva siempre con Él: ...volveré y os tomaré conmigo (vv. 3). La confianza en Dios se apoya en el acto humano de creer que hay más vida después de la muerte: creed también en mí (vv. 1). Y cuando la confianza está en crisis sencillamente se da por la causa de no saber confiar y saber esperar con firme esperanza. Nosotros hemos sido con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva (Rm 6, 4). Por eso, no se turbe vuestro corazón (vv. 1)., sólo basta confiar.

5. Y entonces, para llevar a cabo esta relación, el Maestro nos ofrece un espacio, una casa. El amor profundo pide una casa. Cuando Jesús se está despidiendo y los discípulos sienten el miedo que les embarga porque el Maestro parte al Padre las palabras de Jesús son de consuelo, de vida y de esperanza. Por lo general los encuentros con otras personas y con otros trabajos son agradables, mientras que las despedidas voluntarias o irreversibles se visten de un tono triste, opaco, de decepción y en otros caso de enfado. Por eso, se hace necesario que en estos momentos surjan palabras que animen, que conforten y consuelen a quienes se encuentran confundidos y atribulados con la sensación de ver todo oscuro para seguir hacia adelante, viviendo sin el ser amado, con quien compartió y mantuvo varias experiencias. Sensaciones que ocasionan sentimientos cruzados de nostalgia, de pérdida de seguridad y de sentirse abandonado, aun de reacciones negativas y poco agradables.

6. Sin embargo, en la casa que nos anuncia el Maestro habita alguien que no se entiende sin nosotros. Él es el Amor (cf 1Jn 4, 8). Este amor no se entiende sin compromisos sin interesar que sea el creador. Y el primero de ellos es comprender que el amor no puede estar lejos de lo que ama. El amor nos une con el amado de una manera profunda y sin ninguna limitación. El amor no sólo tiene la fuerza para avanzar, también tiene el poder para atravesar la muerte y la eternidad. Por eso, el amor de Dios que es su corazón es la casa que él ha construido para que nosotros permanezcamos unidos a Él. De esta manera, para dar comienzo a algo nuevo, a una nueva vida es importante saber que también nos despedimos de algo anterior, lo cual nos trae un proceso de desprendimiento, pero asimismo de confianza, pues aunque no podamos ver con nuestros ojos, no significa que nos hayamos ido del todo. De ahí que este paso de la muerte a tener más vida es un tiempo para reparar, para limar asperezas, un tiempo para perdonar y para comprender. 

7. Las despedidas no sólo nos dejan desprendimientos, también no dejan regalos, detalles, herencias, propósitos, agradecimientos, palabras de ánimo que nos alientan, mostrando que no es un final. Si creemos en un Dios que es invisible podemos también creer sobre un cimiento de amistad y de relación eterna, fundamentado en una relación de amor eterno. Esto nos da sentido y fuerza de realización a nuestra vida. El amor, la amistas no se acaba con la muerte, por el contrario se transforma, se fortalece, se hace más cercano porque quienes nos amamos construimos una casa para vivir juntos hasta la eternidad. Una casa, una morada habitada por el amor generoso y sin medida de un Padre que nos ha amado hasta el extremo. Esto para nosotros es inmenso porque nos lleva a dar un giro en nuestra vida y en la comprensión que tenemos de la despedida y de la muerte. Pablo Neruda afirma que es tan corto el Amor y tan largo el olvido, palabras que nos muestran que el amor verdadero no tiene límites, no se acaba ni con la muerte y, si está referido a alguien especial su recuerdo estará siempre presente, siempre vivo.

8. En este sentido, olvidar no es recomendable. Algunos frente al hecho de la muerte se comprometen con confianza en sí mismos y en Dios a crecer y progresar en los distintos aspectos de su vida,  a no permanecer inactivos, a hacer crecer lo que la persona ha dejado, lo que ha llegado a construir, superando expectativas y entablando una relación nueva, pero también contribuyendo a dar pasos sorprendentes en el crecimiento personal, beneficiando y llenando de alegría, de gozo a muchas personas. Y, cómo llegar a esta casa sería la pregunta que nos podemos hacer, como se la hizo el discípulo de Jesús. Ante la confusión de Tomás sobre el camino (vv. 5), Jesús se revela como el único camino hacia Dios, hacia el Padre: Yo soy el camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí (vv. 6). Las palabras de Maestro destaca que él es la única vía para llegar al Padre y, su presencia en el Padre es la verdadera razón de ser del cielo: porque si hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante (Rm 6, 5). 

9. Jesús con sus palabras y su identidad nos da dirección, nos permite tener lugar para poner nuestros pies. El camino es la libertad de quienes están abiertos hacia algo nuevo, hacia una nuevo aventura, caminando en un ritmo humilde. Jesús es el camino, no es la meta, es el punto de movimiento para que no nos quedemos en el pasado o inactivos. El camino nos inspira, nos mueve, nos saca de nosotros mismos para superar hasta la misma muerte logrando realizarnos, viviendo con plenitud. Jesús es Camino porque se pone al lado de la flecha hacia un fin, una tierra nueva y plena. Esto nos da confianza y esperanza. Jesús es también Verdad. Algo que estaba oculto, pero que ahora se manifiesta, dejando ver que nuestra vida es un camino de gloria, es la primavera de todos nosotros como seres humanos. La verdad nos hace florecer y progresar la vida. La vida se opone a la función de muerte y de violencia. Vida es un futuro con bendiciones maravillosas y si Dios es la vida entonces existe la santidad de la existencia.

10. En resumen, el paso de la muerte nos lleva a tener más vida, dejándonos ver con una gran consuelo y con una gran confianza que la despedida tiene un sentido constructivo porque nos facilita continuar avanzando hacia quien es la meta, nuestro Padre, hacia un amor definitivo y eterno. No podemos entonces quedarnos inactivos ni quedarnos mirando el pasado, como tampoco sembrados en el miedo, en la nostalgia o la desconfianza porque después de muerte hay más vida para quien camina en Jesús hacia la casa del Padre, como para quienes continuamos en este camino que nos deslumbra siempre un mejor vivir, un futuro lleno de esperanza. No hay que temer ni dejar que el corazón se turbe con creencias que nos alejan o que desvirtúan el sentido de la muerte y de la vida. Nosotros podemos descansar en Jesús, camino, verdad y vida. Palabras que nos reconfortan que dan sentido porque no abre hacia el camino, hacia la verdad y hacia vida para permanecer abrazados, unidos con quien es la fuente y la abundancia, logrando disfrutar con verdadero sentido nuestra existencia, pero también el deseo y las ganas de alcanzar los objetivos, la metas que seguramente nos ayudaran a realizarnos como personas, viviendo en plenitud y estrecha relación amorosa con el Dios que es eterno, el Dios del amor y la generosidad.
Luis Fernando Castro P.
Teólogo- Magister en Familia
@parraluisferf
luisferflormaria@yahoo.es

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